¿Y ahora qué?
Es tan mansa, la costumbre, que acabamos incluso por acostumbranos a ella. Todo lo volvemos doméstico y con el paso del tiempo la doma es un error, porque nos amaestramos demasiado.
Y ahora qué?
Ahora ya estaba acostumbrada a ciertos salvajismos, a dar por imposibles ciertas domas. Y el camino se bifurca otra vez.
Siempre que el destino(?) ha dicho: adelante, yo he ido de su mano, haciéndolo mío, como todos hacemos con lo nuestro.
Pero la nostalgia es puñetera. Ya se sabe que vendrá, ya meriendo ahora mismo su anticipo, ese pequeño jirón de alguna realidad rasgada.
Ha vuelto a jugármela lo real, la realidad salvaje. Porque soñé con esta despedida muchas veces y puede que sin embargo no esté aún a la altura del adiós.
Pero no seré hipócrita. Disfrutaré estos últimos meses de tener la suerte de no ser, de no estar, de no pertenecer a ningún sitio...




Comentarios sobre ¿Y ahora qué?
Una casualidad me ha traido aquí: he visto ese reloj y la curiosidad ha podido. Y ¡sorpresa! Por dos veces he leido tu comentario porque me atrae tu forma de explicar tu estado. Incluso puedo identificarme, de alguna manera, contigo. Me ha encantado. Gracias.
Ana: muchas gracias por leerme y por haberte tomado la molestia de escribir tu comentario. Es un halago saber que las palabras- esa maravilla articulada- que uno escribe pueden servir a veces, como espejo también para otros.
Me ha costado dar de nuevo contigo... ¿puede agregarte? Me resultará más facil poder leer tus escritos anteriores. Lo siento. Soy una curiosa sin solución. Y, quizás, el reflejo me ayuda a entender lo que realmente veo.
¿Ultimos meses? Un enigma. Me gustan, mucho.