Veamos
Sólo vemos lo que miramos.
Y sólo miramos lo que sabemos que existe.
Seamos humildes.
Cerremos los ojos alguna vez.
Busquemos existencias con la piel, con los oídos o la lengua.
A tientas.
O a ciegas.
Sin usar nuestro nombre
o saber cómo se llama o cómo es
lo que hay al otro lado.
Descendamos tan hondo
que los límites se vuelvan cercanías.
Y que al abrir los ojos nuevamente
también haya mudado el yo que fuimos,
sin una sola brizna de nostalgia.



