El rostro más duro del mundo
Para describir la cara de un hombre, la literatura es pródiga en ejemplos y abundante en recursos estilísticos.
Puede hacerse una descripción cargada de lirismo, casi ñoña y pastosa, y puede hacerse, por fijarme en los extremos, una descripción que use de hipérboles y desmesuradas comparaciones y metáforas, ridiculizando y caricaturizando.
Hace tiempo que persigo a la inspiración para lograr una descripción del rostro de Ignacio, pero ninguna de mis ocurrencias marida bien con su cara. Ese hombre es un arcano, un misterio que desafía a cualquier léxico y vocablo descriptivo.
Hoy he llegado a la conclusión de que he topado con un descriptible imposible. Porque ninguna descripción satisface suficientemente el interrogante de cómo es posible que una cara pueda guarecer tanto rostro. Describir a un leonino funcionario que trabaja cuatro horas a la semana debido a una reducción laboral por cargo directivo incumplido de iure y de facto, vegeta horas de cincuenta minutos o menos ante un ordenador estupendo en un despacho oculto a los curiosos y a los cumplidores y administra los dineros públicos como si propios fueran o fuesen, sin justificación ni amago explicativo, es una tarea imposible.
La cara con más rostro jamás vista se me aparece en los centros de todas las dianas, en todas las noticias de prensa que hablan de prevaricación, de cohecho, de caciquismo, de servilismo, en todos los pecados capitales mayores, en la soberbia y en la pereza, en todas las tiranías, en todos los imperialismos, los monopolios, las tramas de corrupción, en todas las paradojas, en todas las falacias, las demagogias, las chulerías y los ninguneos.
Ese rostro con ortigas es un desafío físico- químico, pues ¿cómo puede la cara, material, finita y acotada, soportar el peso de un rostro de grafeno? Ignoro cuánto peso puede científicamente soportar la cara de Homo ignacius sin comprometer su bipedismo, cuántas moléculas de duro material pueden añadirsele todavía sin desestabilizar su posición y su permanencia vertical en el espacio, cuántos inspectores más podrá sobrellevar y, lo que más me preocupa, cuánto tiempo MÁS podré contener mi lengua al contemplarlo.
Y es que si es verdad que quien calla, otorga, me siento muy mal ante la deducción lógica de que también yo he contribuido a la resistencia del rostro que salvo hallazgo de ingenieros en el futuro, es hoy por hoy, el material más duro del mundo.




Comentarios sobre El rostro más duro del mundo
Rubia, se me ha congelado la sonrisa al llegar al final. Somos cómplices con nuestro silencio, pero habría que gritar tanto y tan alto que nos quedaríamos afónicos: ¿ Cómo es posible que La Señora Inspectora no le llame a cuentas? ¿Quien vigila al vigilante?
Y encima tener que escuchar la moralina sobre el cumplimiento en el trabajo del Señor Director, agg!! es vomitivo. Mexan por nós e inda temos que dicir que chove.
En democracia, ya sabes, el pueblo vigila al vigilante...