A quien sepa volar
Mario, Hardy, Hamlet, Orlando, Breno. Así rezaba su fardo onomástico. ¿ Y por qué llamarnos por tantos nombres pudiendo bautizarnos con un solo monosílabo que nos convoque con solo respirar?.
Genial Benedetti.
Tenía la sencillez de lo inteligente, huyó de la mediocridad y los mediocres respondieron con envidia, siempre vestidos de gala. Para otro el NOBEL...¿Y qué?
Si hay un pichuco allá, o si después de la vida- bandoneón el tango sigue y no era todo trampa ni pastoso bolero, lloverá de vez en cuando una lluvia de versos sobre los huérfanos de otra voz que hablaba sin mentiras. Despistes y franquezas. Y el lado oscuro del corazón verá ascender el cuerpo amoroso de una mujer ALEGRE que se escapó de las manos de un poeta sin vértigo.
Celebro la palabra que hiere y redime. Y también el hombro en que duermo cada noche; su Táctica y su Estrategia.
Y el verbo volar.



