PODER-SABER
jueves, 12 de junio del 2008 a las 21:16
Foucault lo sabía. Hay saberes que a partir de sus efectos de verdad producen efectos de poder.
Si miramos nuestas actuales disciplinas y materias de estudio, observaremos que todas son reinsertivas. No dan nada por perdido. Vivimos en una administración total que es esencialmente ecológica: asigna a cada cosa su habitat, su nicho.
Sin embargo, nada se reinserta realmente. Todas las técnicas- las escolares, las hospitalarias, las jurídicas- operan por distribución y redistribución. Las anomalías reales y posibles se redistribuyen continuamente. Cuando uno es anómalo en el nicho que le corresponde es reasignado a otro nicho por el administrador competente. La administración total opera por dispersión continua.
A diferencia de las sociedades antiguas donde el ser humano era imprescindible: el esclavo para el amo/el vasallo para el señor/el proletario para el burgués, en nuestra sociedad el ser humano es absolutamente prescindible. Las escuelas ya no son centros de enseñanza, sino sitios para guardar niños o para que estén los niños; los centros sanitarios son todo menos sitios de cura o de salud y las iglesias y templos han dejado su recogimiento y se han convertido en réplicas de ferias.
La estrategia de esta nueva ingeniería social es un rapto absoluto de los cuerpos. La verdadera y definitiva enajenación de las conciencias radica en esa nueva forma de alienación por todos aclamada: la sumisión de los cuerpos.Cada individuo controla la eficacia de esa administración total: el gimnasio, la báscula, las reglas de alimentación, las revistas de moda, los catálogos de viajes, los panfletos de control sanitario...Ya no hace falta una institución intolerante como la monarquía absoluta o el Santo Oficio con sus mecanismos represivos, ahora cada ciudadano asume su cuota de controlado/controlador. Todo se hace por el bien de todos: todos hacen y aconsejan hacer deporte/ todos controlan su dieta/ todos hacen chequeos sanitarios de rutina. Esencialmente el mensaje es una carrera contra el tiempo. El poder-saber se ha bioingenerizado.
La historia parece haberle ganado la partida a las religiones: poseer alma era (¿es?) cuestión de fe. Pero de la bioingeniería no hay retorno. Nada corporal es ajeno a la ciencia. Ya no podemos pensar nuestra corporalidad sin el recurso a ese saber (poder)
La conclusión es trágica.
Jamás recuperaremos nuestro cuerpo.
BELENCICUTA
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