Paradojas
Creo en el amor eterno.
De momento.
Pero creo también
-ya que la vida se me impone-
en la fragilidad del pecho que lo alberga
en la lengua viperina que lo azota
y en la envidia miserable que lo hiere.
Creo tan firmemente en el humano
y en sus maravillosas paradojas
que afirmo que en las muertes sucesivas
pretéritas, futuras y aún vivas
el amor no marida con el tiempo
y es una eternidad irreversible.
Y nada se conjuga con lo eterno.



