Ostras
Algunos bivalvos se defienden de las agresiones externas secretando agentes calcáreos que liman las agudezas de los cuerpos extraños. Convierten el dolor en perlas. Capa a capa. Lentamente. Nácar sobre nácar.
Veo a diario el proceso contrario en los humanos. Legiones de especialistas con mecanismos agresivos que ingieren perlas para pulir su belleza nacarada y natural y excretarlo en forma de pseudoheces o de babas. Destrucción salvaje de perlas brutas. Producción en serie de fealdades remuneradas, de actas de evaluaciones y balances estériles.
Entonces me gustaría ser caracol. Secretar calcio y forjarme una concha, espiras defensivas para poder huir de cuando en vez. Un retiro silente, sin osamenta que cruja ni pese demasiado. Vivir a puro suelo. Comer realidad después de cada tarde de lluvia. Siempre fresca. Reciclar naturalmente el daño. Y sentir un dolor invertebrado. Hermano del milagro lamelibranquio, de la belleza defensiva. Lejos de este cementerio de bípedos que ingieren ostras vivas y a veces mueren de sobredosis. Volver a la cordura natural, al orden selecto evolutivo. Puede que a la conciencia virgen..
¡Quién pudiera!



