Nochebuena
Anduvo tanto tiempo detrás del sentido de su existencia que un día claudicó.
Recuerda que era tarde y que entró en un bar que nunca había visto antes y tomó un café muy caliente, sin azúcar.
Desde aquel día el sentido de la existencia le persigue, pero él se hace el loco, o el sordo y jamás se da por aludido. Otras veces juega al despiste y estrena una personalidad distinta cada día. Por ejemplo, se muestra frío en circunstancias en que debería no serlo, o afable y simpático con los huraños y raros desconocidos. Fabrica personalidades con la rapìdez de un autor de guiones y la precisión de un relojero. Ninguna personalidad es más auténtica que su homónima rival y compañera.
El anciano existencialista se divierte en cada vendetta. Mañana, que es Nochebuena, apuesto a que sale a las doce de la noche con su nuevo perro y se sienta en un banco de la plaza esperando a las palomas nocturnas, frente a la estatua de Fole, que el 24 de diciembre de 1955, mientras arrebataba secretos al espejo, dedicó sus palabras escritas a todos los que, por la razón que fuese, pasasen la Nochebuena sin compañía.
Va por ellos.




Comentarios sobre Nochebuena
Querida rubia, hay coincidencias curiosas. Pásate esta tarde por "Sin permiso..." porque allí está el secreto de Fole. Me gustaría comentar ese cuento contigo. Pagaré yo los cafés. Bo nadal.