Mi matriarcado
Tú y yo, NOSOTRAS, sabemos que YA nada será lo mismo.
La distancia aleja por definición y eso es un hecho.
Pero también es un hecho que la amistad es un escaso bien. Y que ese Bien es bueno.
En este mismo momento, adquiero el sagrado compromiso de luchar contra esa invisible telaraña que la pereza intentará liar a nuestro alrededor. Y mantendré esa llama prendida.
Es puro egoísmo, porque tengo una pena que pesa más quintales de los que puedo soportar y ese compromiso será mi consuelo.
Dejadme que os diga que sé porqué me fui. Y que no estais entre esas causas. Y que jamás me perdonaré mi propia cobardía, no haber remado más, aunque la victoria no hubiese sido nuestra. Pudimos hacerlo. Y no lo hicimos. La vida es valentía y amigas mías, NO, no hemos sido valientes. En esto no hay excusas. Me gustaría pensar y creo, que os habéis colocado en esa resistencia que de algún modo nos unió. Que la factura futura se salde con una enorme y nietzscheana carcajada. Que no puedan con vosotras. Que ninguna mediocridad ponga freno a vuestra estima ni en duda vuestro trabajo.
Hoy, qué bonito, día 4 de setiembre de 2009, me siento orgullosa.
Gracias.




Comentarios sobre Mi matriarcado
Esta é a primeira vez que deixo un comentario, aínda que te leo sempre.
Volvíchesme facer chorar, adorable cabrona, porque creo que tes razón: somos covardes e non imos máis aló das nosas tertulias cafeteras. Pero o que non é verdade é que ti non sexas valente, desde logo que o es, e por eso te admiro tanto.
Bicos e que a forza te acompañe.
Claro que nada será lo mismo, y con tristeza lo digo. El café y los cigarrillos que eran muy solidarios , serán más solitarios.
Belén, siempre se puede hacer mejor. Se puede remar hasta quedar exhausto, pero hay un instinto de supervivencia, y unas personas son más valientes que otras, incluso en la resistencia. Pero las más cobardes sabemos donde están, y como se posicionan. Las que permiten con su silencio, su apatía, su dejadez, su insolidaridad, su falta de compromiso, el que todo siga igual. Las que apelan a la ley ( cuando conviene) aunque ésta sea injusta.
La rebelión tiene un precio. Cuesta sentirse aislado, silenciado, ninguneado. Y eso es lo que persiguen los más cobardes. Y, tristemente, muchas veces, lo consiguen.
¡Capitán, oh , mi capitán! Mantendremos esa vela encendida.
Quérote, rubia. E as grazas por tantos momentos bos que me fixeches pasar. Eso queda nun cuarto do corazón.