Fuera gatos
Padezco una tremenda ailurofobia. Ante el gato doméstico soy como un ratón, su presencia me provoca temblores, náuseas y parálisis física o bloqueo mental. Según Freud las fobias son producto de la represión sobre la energía libidinal. Discrepo en mi caso. Mi odio hacia los gatos es un lógico stress pos-traumático. Y es que buena parte de mi infancia son dolorosos arañazos de felino. La casa de mi tía paterna era una especie de guardería gatuna. Gatos hambrientos que se abalanzaban sobre mi cuerpo pequeño y amedrentado por su presencia, gatos caprichosos, callejeros, gatos de pelea con más heridas que pelo, gatos tuertos, cojos, sin cola, gatos que andaban ya por su sexta o última vida.
Cuando al barrio en que se hallaba la casa de mi tía llegaron el urbanismo y más vecinos, los gatos se fueron a otro exilio dejándome una paz desierta de arañazos a costa de la citada galeofobia. La tía Richelieu cambió su amor al gato por una cuidadosa notafilia. Cajas y cajones de billetes de todos los colores y países, en fundas de polipropileno se apilaban en los aparadores y armaritos e incluso debajo de las camas. Ni rastro de los gatos nunca más.
Por suerte para mí la tía Richelieu no supo nunca que el cardenal francés a quien plagiaba dejó en su testamento de herederos a los catorce gatos que habitaban una lujosa suite en su palacio. Y testó a mi favor varios cajones, un lote de latas caducadas de sardinas y un lienzo rasgado por felinos.
Con los años aprendí que los mininos han sido denostados y queridos por las civilizaciones de la historia. Los egipcios por ejemplo consideran que todo hombre es gato cuando muere y es sagrado animal por esa causa. (Aunque siempre he sospechado que más bien el amor de los egipcios por los gatos se debe a que ahuyentabn los ratones y ponían a salvo a las cosechas). Los sabios celtas rehuían la presencia de felinos por ser encarnaciones de las brujas y el medievo cristiano abunda en mil detalles del gato como un ser de Satanás, presente en aquelarres y en hechizos.
Don Vito Corleone acariciaba un gato en su regazo en EL PADRINO para inspirarse más en lo maligno. Y en general ha sido el animal que simboliza la envidia y las traiciones. Es independiente, astuto y falso, antítesis del perro por infiel y atrae la energía negativa. El lenguaje rebosa de expresiones que refieren al gato lo que digo: "Es un pelagatos", "Dar gato por liebre" ,"Llevarse el gato al agua", " No había más que cuatro gatos en la fiesta" , "Todos los gatos son pardos.."Aquí hay gato encerrado" ,"Buscarle tres pies al gato" ,"Estar como perro y gato" ,"La curiosidad mató al gato"...
Esta tarde me ha dicho un veterinario que los gatos tienen también sus fobias. Por ejemplo, el ruido les provoca una insoportable ansiedad. Mentiría si dijera que no he visto el cielo abierto con esa información. Podría llenar mi bolso de petardos..
Por el momento, y salvo un nuevo ataque frontal minino a mi persona, me contento con el gato de Schrödinger. Un experimento imaginario. Pero ya habrán adivinado qué espero ver siempre que abro la caja.



