Francis, la mula
Pudiera parecer una alucinación. Pero no lo es. Esta mañana salí del despacho del jefazo con la impresión de haber sido transportada en el tiempo, 30 años atrás. Me vi sentada en el sofá de la casa de mis padres, ante una televisión de tubo en blanco y negro, mientras proyectaban la famosa película LA MULA FRANCIS.
Las mulas no hablan. Excepto Francis. Rememoré aquellos corvejones, aquellos dientes amarillos incrustados en un hocico prominente. Francis salvaba a un subteniente estadounidense en el frente birmano de la segunda guerra mundial. Nadie creía a aquel soldado, pero aquella mula hablaba. El subteniente fue enviado al psiquiátrico.
¿Cómo probar que las mulas, estériles híbridos, parlotean e incluso dirigen?. IMPOSIBLE.
Salí de mi lugar de trabajo con la impresión de haber sobrepasado el límite de la cordura. Me pregunto si hay vuelta atrás. Porque todavía ahora, horas después, sigo viendo y oyendo a la acémila gesticulando y perorando. Las posaderas de la ungulada perisodáctila ocupaban la totalidad del sillón de mando, rodeada de títulos enmarcados y en la pared, en reconocimiento de su inusitada locuacidad. Una mula es servil y sólo puede llevarte al servilismo. Todo, cualquier cosa, con tal de seguir comiendo de la mano que ordena y fustiga. Mi humilde lenguaje humano resultó inconmensurable con la amplitud grave de sus rebuznos oficiales. Pero sólo yo pude oir sus ininteligibles.
No se llama Francis. Pero el nombre es lo de menos. Lo importante es que las mulas hablan. Incluso tienen despachos, despachos amplios para cobijar sus grandes cabezas. Lugares insonorizados para que no trasciendan sus rebuznos estridentes. Lugares asépticos donde no hay lugar para los insectos que amenazan su buena salud y el estiércol huele a flores recién cortadas. Las mulas pacen en pesebres robotizados. Hasta puede que coman papel.
Seguro que no era Francis, la mula de los años 50 que renunció al Óscar de la Academia para seguir siendo anónima y antimilitarista.
Esta historia no puede acabar bien. O esta mula vuelve a ocupar su lugar en la cadena natural y alimenticia, o, fijo, yo acabo en el LOQUERO.




Comentarios sobre Francis, la mula
Jaaajjajjaja...
Ben, rubia, no temas pola túa loucura. Casos haiche varios. Xa Cunqueiro falou do Cabalo de Alberte Merlo que lía e comentaba as noticias da prensa co seu amo. Ou o Porco rebelde de Orwell, outro caso ben coñecido; por non recordarche as vellas historias que principiaban con aquelo de "Nos tempos nos que os animais falaban" , ou as marabillosas fábulas de Esopo, ou os burros filósofos de Castelao... Pero claro, haiche de todo nesta Arca de Noé. Os animais dos que contaban eran fantasticamente listos. E a Nós tocounos unha mula incriblemente necia, verborreica, e un pouco dura de ouvido. Iso é o fodido. Pero eu, miña amiga, acredito. Acredito, sí.