Femme fatale
Casi todos los estereotipos que pesan sobre las mujeres son producto del machismo. Pero el machismo no ha sido ni es producto exclusivo de los varones aunque hayan resultado sus beneficiarios más directos. Cientos, miles de mujeres llevan aún la simiente maldita de la exaltación del macho y perpetúan sus pólenes en las generaciones que alumbran, a veces con una inconsciencia incomprensible.
Uno de los estereotipos más antiguos es el de la FEMME FATALE. Se trata de un modelo canónico, representante de la mujer malévola, incapaz de sentir amor, verdugo de hombres, mantis de amantes innumerables, símbolo de la seducción caótica y del engaño "amoroso". Quien se hace partícipe de la tentación de la FEMME, no puede sino esperar lo que ya sabe, que la perdición- propia y próxima- es el único destino posible. La pendiente del deseo cuyo objeto es FATALE es irremediablemente descendente.
La salvación es la fuga. El héroe pone tierra de por medio o sucumbe. Digamos que la FEMME FATALE, como todo lo fácil, se ve venir. Por más que la literatura haya querido dignificar los dramas que la fatalidad del deseo que la mujer aviesa engendra, personalmente me irritan. Son vueltas de tuerca a un machismo inveterado.
Desde la ínsula que me he ido construyendo, observo cómo una de estas FEMME asciende entre una tempestad burocrática y siguiendo su natural, acaricia un trono que NEMESIS le concederá para después lanzarla contra las rocas. El dramita me enerva, pero también me divierte, como todo el que ve los toros desde la barrera. Olerá a BURDO PLAGIO de Chanel mucho tiempo en los escenarios, a aliento mefítico; los pasillos y salones serán pasarelas de ridículos ceñidos y bochornosos escotes de requesón. Todo será de un FEISMO ACOJONANTE.
La sota de bastos destrona al pollino. Espero que esa sea la última figura del Apocalipsis de un centro que hará gala a su nombre de Xograr cuando cante su propia caída. Aunque en el fondo deseo que alguna de las mujeres de verdad que tendrá como justas enemigas públicamente la desenmascare. Y escribir yo el epitafio de la FEMME.
CONCEDÁMOSLE UN CURSO DE PLAZO.



