EDUCACIÓN ¿para qué ciudadanía?
Dice el curriculum de la polémica EDUCACION PARA LA CIUDADANIA que su objetivo es formar a las personas en los valores democráticos y constitucionales. Como profesora que imparte en 2º E.S.O esta nueva materia, nada tengo que objetar in abstracto, ni a la democracia como forma política ni a la Constitución como norma suprema.
Pero la vida es concreta y la educación es real. Todo el curriculum de la materia citada es una falacia de ambigüedad que oculta un bonismo globalizador cuya desembocadura no puede ser sino la falta de crítica en los educandos. El grueso de la materia gira en torno a tres o cuatro ejes: Diálogo, tolerancia, diversidad cultural, paz.. Como es evidente, se trata de nombres generales y por eso mismo ambiguos y vacuos. El peligro de la materia radica precisamente en su falta de concreción. Es como si el curriculum de matemáticas dijese que sus centros son: números, variables cuánticas, magnitudes en el espacio y figuras geométricas. Pero no lo duden: si se concretase, se vería que se trata de un bonismo manipulador, convertiría a los ciudadanos en actores homogéneos, en mansas ovejas mal informadas pues la filosofía que subyace a la materia es tan rebañista como la catequesis religiosa de quien, por cierto, se presume enemiga.
La sentencia del Tribunal Supremo del pasado 27 de enero, si se lee directamente y no a partir de las valoraciones en contra o a favor que han hecho los diversos medios de comunicación (fundamentalmente los lobby PRISA/COPE), si bien deniega a los padres el derecho a la objeción de conciencia respecto de la materia en sí, advierte que deberán vigilarse los modos y las concreciones del curriculum en el aula, ya que estos sí pueden ser fácilmente adoctrinadores e insta a las autoridades educativas y a los padres del alumnado a que cuiden exquisitamente los contenidos de los libros y denuncien cualquier manipulación.
Pongamos un ejemplo. Si yo hablo de la paz, como concepto, empezaré introduciendo una definición que convierta el término en significativo. Todos, intuitivamente, sabemos qué es la paz. Ahora bien, las actividades de refuerzo del concepto se prestan fácilmente a la ideologización explícita del alumnado. La paz es un estado ideal, pero pocas veces se da de forma absoluta en la vida real salvo en los cementerios, como diría KANT, de modo que ante una situación concreta: una amenaza entre países, un conflicto entre vecinos, etc, no hay una forma única correcta de reaccionar, a no ser que introduzcamos un código o un credo ideológico concreto. Y hé ahí la madre del cordero. Un NO A LA GUERRA categórico y total, que no contemple excepciones, puede resultar tan injusto como su contrario belicista. Si tenemos en cuenta que nuestros discentes rondan entre los 13 y 14 años, caeremos en la cuenta de que demandarán respuestas concretas, como por otra parte es lógico y todo posicionamiento por parte del docente en este sentido incurre, con mayor o menor intencionalidad en la inyección de ideología.
Tampoco hemos de perder de vista que la formación de la conciencia moral no es competencia del Estado, sino en primer lugar de la familia. No me gustaría que en alguna sobremesa con sus padres y familiares, ningún alumno dijese: " La profesora de ciudadanía dice que la guerra nunca es justa", ni tampoco " La profesora ha dicho que la guerra es la solución". Intento que aprendan a matizar, ponderar y a juzgar con criterios objetivos. Pero otra cosa es lo que interpretan. Inevitablemente, la interpretación de un mensaje es siempre subjetiva y está relacionada con muchos factores individuales ( grado de conocimiento, actitud..) que los profesores no podemos controlar enteramente y que la mayor parte de las veces está oculta.
La sala de lo contencioso del Tribunal Supremo ha dicho y conviene recordarlo que: "Aunque el deber jurídico de cursar la materia de EdC sea válido, esto no autoriza a la administración educativa- ni tampoco a los centros educativos ni a los concretos profesores- a imponer o a inculcar, ni siquiera de manera indirecta, puntos de vista determinados sobre cuestiones morales que en la sociedad española son controvertidas"
TODOS LOS TEMAS QUE COMPONEN EL PROGRAMA DE LA MATERIA SON EN LA PRÁCTICA, CUESTIONES MORALES CONTROVERTIDAS.
Si me permiten ahora una valoración personal, como docente cuyo grueso de formación es la filosofía, lamento profundamente que una materia como esta se haya introducido en la enseñanza secundaria obligatoria en un momento caracterizado especialmente por la devaluación de la educación desde sus raíces más básicas. La moralidad madura es producto del conocimiento. La conciencia no es un fruto natural. Es una contradicción que se desprecie el saber y se publicite la ponderación de los valores. Pero sobre todo, es una tarea destinada al más profundo fracaso. Nadie puede considerarse un ciudadano crítico si vive en el analfabetismo funcional. Sería como impartir clases de estructura económica en el tercer mundo. Por tanto, a los redactores de los contenidos de la materia habría que preguntarles: Educación ¿para qué ciudadanía?
Deberían priorizarse el aprendizaje de las lenguas y las competencias y habilidades de comprensión y relación de ideas y los conocimientos científicos e históricos objetivos ANTES de permitirnos el lujo de subvencionar materias como ésta que, para ser bien enseñada, necesita de ellos irremediablemente.
No quisiera tampoco negar que me producen un bochorno creciente respecto al tema la manipulación y la demagogia de los sectores más conservadores abanderados por los inquisidores católicos y también el silencio de importantes profesores de filosofía, algunos de los cuales se consideran incluso filósofos; y una decepción rabiosa la adhesión sin paliativos de otros muchos a la causa bonista, que han aprovechado la ocasión, por supuesto, para introducir en los centros sus propios libros de texto. No son BIEMPENSANTES los que siempre piensan BIEN. Si la tarea de la Filosofía ha sido siempre la crítica racional y la formación de un pensamiento propio y autónomo en busca del bien y otras verdades humanas como la libertad, convertirnos en mensajeros del bonismo y de constructores/ratificadores del sistema y de lo políticamente correcto, es un fraude a nuestro nombre.
Después de una auténtica cruzada personal y 9 meses de silenciosa mortificación interior, he empezado a redactar con vistas al próximo curso, una programación de la materia basada únicamente en la lectura de textos de Platón, Maquiavelo y Nietzsche. Una labor de zapa. Una forma particular de objeción. Y en paz con mi conciencia.




Comentarios sobre EDUCACIÓN ¿para qué ciudadanía?
Mi pregunta es: ¿Podrás hacerlo? ¿Te dejarán y/o aceptarán la programación de esta asignatura en esos términos?
Me parece muy buena iniciativa, sobre todo, coherente contigo misma. Pero, una vez más, choca con el sistema (no sé si ponerlo con mayúsculass)
Interesante tu blog. Gracias por compartir.