Divismo y fe
Desde que Victoria Beckham reveló como secreto más chic de su belleza que utilizaba cagadas de pájaro como mascarilla, creí que el divismo había tocado techo. No se puede ser más estúpida.
Pero se ve que lo cuantitativo, por pura razón matemática, tiende al infinito. O sea, que siempre se puede seguir. Lejos de su etimología latina, que reservaba el nombre diva para las diosas, el vocablo se aplica hoy a las afamadas que cagan mármol sobre el resto de los humanos y a costa de lo que sea. No sólo hay divas en la prensa del corazón nacional e internacional: el divismo nos azota incluso en las realidades más cotidianas. A veces basta con que alguna fémina tenga una categoría laboral distinguida o un cargo en un equipo directivo para que el halo del divismo se le adhiera como segunda piel.
La diva, corta y perezosa, entiende cualquier camino como una pasarela que en sentido ascendente la elevará a divinos pedestales mientras los trabajadores indigentes la admiran con devoción. Los ojos de todos interseccionan en su estampa impecable, deseando que jamás les falte su protección benévola. Los fieles del divismo tienen FE. Y de eso se trata. De una Fe autosuficiente, ciega, altiva, casi insultante para el espectador foráneo. Sólo los que tienen FE temen quedar huérfanos de credo. Soportan lo que venga desde arriba porque el de arriba dispone y siempre ha sido así.
Cada día es una celebración. Pero a veces la diva se retrasa y los corazones de los que esperan se angustian terriblemente. Deberían saber a estas alturas que una diva jamás faltará en la foto. Cualquier evento que se refleje en prensa contará incondicionalmente con su presencia. Porque el divismo no es nada sin la proyección que lo fundamenta y ratifica. En el catecismo de cualquier diva este es el primer mandamiento: salir siempre en la foto.
Por supuesto toda diva que se precie, escribe sus memorias, largas filas de líneas donde ella ha figurado, que ella ha anfitrionado, protagonizado y saboreado. Siempre muy frivolamente, con la misma indiferencia de las diosas. Falsas Biblias para creyentes poco exigentes. Y si alguien osado quisiese entrar en matices, la diva lanzará sobre el escéptico sus perros de presa. Por supuesto siempre en bambalinas.
Cada día, en la soledad de su camerino o ya de vuelta en casa, preguntará a su espejo inteligente quién es la más importante, la que mejor sale en las fotos, la más diva y soberbia, y el espejo, temeroso de su ira repetirá el rutinario responso: "Tú, por supuesto. Tú, mujer de poca FE".
Hoy soy un díscolo enanito.
Cómo echo de menos a BLANCANIEVES!!!


