De una criada tracia o la ignorante carcajada
La anécdota es muy conocida. Tales de Mileto, uno de los siete sabios de la antigüedad, se encontraba paseando por el jardín de su casa absorto en la contemplación de las estrellas. El filósofo cae bruscamente en un pozo mientras una criada tracia se desternilla de risa. El sarcasmo es evidente y la criada pregunta en buena lógica: "¿Acaso quiere mi amo conocer los secretos del cielo si no es capaz de ver lo que hay en la tierra?". El pragmatismo avergüenza a la sabiduría y ridiculiza la filosofía. La filosofía es ineficaz para la vida. El filósofo se olvida de vivir.
La risa de la mujer tracia se repite maliciosamente cada vez que alguien acusa a la filosofía de inutilidad . El filósofo es improductivo por definición. Especula, retuerce el lenguaje, desquicia a sus oponentes, requiere el porqué de todo, multiplica realidades y jamás considera cosa alguna como definitiva. La pregunta escondida en esa carcajada que desde la tracia se repite es sencillamente: ¿Para qué sirve la filosofía?
La respuesta, mejor que nadie, la dio el gran Deleuze. Es una respuesta agresiva ya que no se debe responder inocentemente a una pregunta mordaz. La filosofía sirve para que no haya idiotas que pregunten por su utilidad. Si es el pensamiento- masa el que interroga y pone en entredicho la utilidad de la filosofía, en la ignorancia de quien pregunta se esconde ya la respuesta: para huir de la masa.
Si la inteligencia del ser humano se ve más que en las respuestas, en las preguntas que es capaz de formular, la risa de la criada manifiesta su ignorancia. Quien no sabe se ríe del sabio. En ese osado desprecio del saber la tracia provoca tristeza y sobre todo, una lástima profunda. Seguramente jamás caerá en los pozos que el sabio no sabe evitar pero tampoco verá nunca más allá de sus propias narices.
Afortunadamente, podemos elegir.



