Cesar o la víctima de las maestras
A César lo jodieron las circunstancias.
Primero fue aquella dura maestra de la infancia, empeñada en que aprendiese a leer a base de sacrificar tiempo de juego en unos libros ininteligibles que hablaban de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Con tanto aburrimiento, fue ganándose la fama de ser un poco corto de entendederas, y cuando los pedagogos de salón arribaron al poder en las escuelas, a él le tocó sufrir a uno que decretó que sufría un retraso en el aprendizaje cognitivo debido a una falta de madurez en lectura y comprensión. César se pasaba dos tardes a la semana con una maestra de apoyo que puso en sus manos cuentos y libros repletos de historias fantásticas, que hablaban de muchos mundos muy distintos al suyo y tanto excitaron su imaginación que se ganó también la fama de ser algo rarito y de hablar siempre de cosas inexistentes. Se hizo introvertido y desarrolló un talento creativo excepcional. Aquella maestra de apoyo fue para él como su segunda madre.
Vivió hasta los doce años en Babia aunque siempre creando en su pequeña cabeza grandes obras. Como la progresía pedagógica seguía en el climax, el paso al instituto fue enormemente traumático: cambió de compañeros porque en el nuevo centro existía una terrible masificación. Fue a parar a un grupo mediocre, con grandes problemas de indisciplina y desorden. Entonces hizo migas con Borja, un chaval superdotado con muchos problemas de adaptación. Ambos forjaron juntos grandes preguntas para las que nunca nadie tuvo tiempo ni respuestas. Sólo un mes después de comenzado el primer curso, los dos se habian ganado la fama de ser demasiado inteligentes. Esto despertó inmediatamente el recelo de sus maestras, que pusieron todo su empeño en adaptarlos prontamente al grupo.
Los dos sobrevivieron a un magisterio que obvió sus competencias y eclipsó sus talentos. César abandonó el instituto seis años después, con un 6 exacto de nota media, calificación que le impidió cursar los estudios universitarios anhelados. Pasó el verano siguiente en Londres trabajando de camarero. Hizo amistad con investigadores jóvenes del Kings College y entró a formar parte de un proyecto de investigación en neurociencias, del que en la actualidad es director. Sus resultados le han valido el reconocimiento internacional.
B orja consiguió lo que sus maestras querían: es dueño de una pequeña gestoría y lleva una vida normal y completamente adaptada: botellón, partidos de futbol y un chalet en la costa.
Hace cuarenta años que César no visita su pueblo. Alguna de sus antiguas maestras sigue aún en activo. Forjando en su fábrica todopoderosa grandes jaulas para pequeños gorriones.



