Alarmas
Estoy pasmada. En este mundo en que vivimos- tan obsesionado por la seguridad y el control absoluto de todo y de todos- abundan los dispositivos para captar el más mínmo detalle en nuestras vidas. La intimidad es una quimera, una ilusión que aprehendemos y fijamos en nuestro yo de forma férrea y a la que no estamos dispuestos a renunciar fácilmente. Pero su existencia como algo más que un derecho teórico es prácticamente nula.
Hago esta reflexión a propósito de una mala experiencia, muy curiosa, vivida esta misma tarde en una tienda Zara. Entré con mi hija a comprar un pañuelo (foulard?). Lo pagué y cuando nos diponíamos a salir del local a la calle, sonaron las alarmas y dos empleadas perfecta e idénticamente uniformadas, aparecieron en la puerta. Mi hija llevaba la bolsa con el pañuelo, con que yo misma le pedí que pasase nuevamente por el arco, pero ante la sorpresa de las dependientas, esta vez no hubo pitido. Entonces pasé yo de nuevo por el arco y la alarma sonó otra vez. Dejé el bolso a una de las chicas, que lo movió varias veces ante el detector, pero no pitó. Entonces pasé yo sin nada y las alarmas volvieron a activarse. La cola para pagar en caja era enorme, ya que sólo funcionaba la caja de pago del piso inferior y todos me miraban. Algunas personas se pararon en la calle y mis hijos estaban muertos de vergüenza. Tengo que decir que yo llevaba unos vaqueros que no son del grupo Inditex, y una camiseta que tampoco. Me descalcé ( sabrán ustedes que algunos zapatos llevan incrustado un microchip que aunque haya sido desactivado puede activarse "solo" en cualquier momento).. Pero seguí pitando. Me saqué los pendientes, el reloj, una pulsera de metal...Pero seguía pitando cada vez que pasaba. Por supuesto no estaba dispuesta a desnudarme allí mismo y en mi cabeza ya rondaba la idea, después de haber pasado ante el arco detector unas diez veces, de llamar a la policía si no me permitían abandonar el local. No llevaba nada más que fuese metálico ni que tuviese alarmas ocultas. La encargada de la tienda apareció en medio del bullicio que causaba la gente arremolinada en círculos cada vez más próximos a mí. Yo misma le pedí que llamase a la policía. Mañana Amancio Ortega podría tener una denuncia en los juzgados. El atentado contra mi intimidad (imagen) era claro. Se le subieron los colores a la encargada mientras me decía. "Tranquila". ¿Cómo puede alguien tranquilizarse en una situación así? Es bochornoso. Opté por sentarme en las escaleras de la entrada, justo ante el detector, que no paraba de sonar. Dije a viva voz, que mientras no llamasen a la policía no iba a moverme de allí. "¿Llevas alguna prótesis?"- preguntó una de las dependientas, visiblemente nerviosa. A tí qué te importa mi anatomía- contesté yo, tan borde como pude. Mientras el local iba llenándose de desquiciados y desquiciadas que deseaban que aquel detector cesase en su pitido infernal, recordé que llevo un NOVA T 380. Posee un hilo de cobre. Ante la posibilidad de que esa fuera la explicación de aquel esperpento, empecé a reirme sonoramente. Me levanté y me dirigí a la encargada y muy cerca de su oído dije: "LLevo un NOVA T 380". "Vale"- me contestó, resabiada- "Pues sácalo y todo arreglado."
- Pues va a ser que no- le contesté sin dejar de reirme y mientras marcaba el número de la policía local- El NOVA T 380 es...es un DIU!!!




Comentarios sobre Alarmas
Jajja... Ay, rubia, perdón por las risas que imaxino que o tiveches que pasar mal. A situación é un tanto kafkiana. Ti foches moi prudente e educada (como se debe de ser) ante a proposta de "Pues sácalo y arreglado". Pero non me digas que nese momento non che apetecía dicir: Pois mire , señora, non me sae do figo.