22 criados y una traición
Cuenta la leyenda que el mariscal Pedro Pardo de Cela, oponiéndose a las huestes castellanas de Isabel la Católica, resistió valerosamente en la fortaleza de a Frouxeira el implacable asedio durante varios años. Un pasadizo secreto unía la inexpugnable fortaleza con el castillo del mariscal, del que sólo se conserva la Torre del Homenaje.
Mientras el mariscal departe con Pedro de Miranda en el pazo de Fonsa Yáñez en Castrodouro (Alfoz), el 7 de diciembre de 1483, 22 criados urden la traición y abren las puertas a las huestes enemigas encabezadas por Mudarra, a las que se habían unido las de Fernando de Acuña, desplazadas desde Sarria. El mariscal es apresado y llevado a Mondoñedo, junto a su hijo, Pero de Cela y Saavedra y dos nobles leales. El Judas fue Roy Cofano, natural de Valadouro, sobornado por Acuña.
Pocos días después, el 14 de diciembre de 1483, el mariscal y sus leales son decapitados en la plaza de la Catedral. La prisa en la ejecución se debe a Fadrique de Guzmán, obispo de Mondoñedo, enemigo ambicioso del mariscal con quien litigaba por rentas y foros. El astuto Fadrique envió a dos canónigos al Ponte de Ruzos, en el barrio de los Muiños de Arriba para que entretuviesen a Isabel de Castro, que después de diez días a uña de caballo, regresaba de Valladolid con el indulto firmado por su prima, Isabel la Católica. No pudo la valiente esposa, hija del Conde de Lemos, atravesar el puente del pasatiempo (foto) y sólo cuando el tañido de las campanas se hizo oir en el valle del Brea pudo la mujer continuar camino, hallando muertos marido e hijo.
Durante años sólo los juglares cantaron la traición. Los cuerpos ajusticiados fueron enterrados en la catedral junto al altar mayor donde nadie se atrevía a restaurar su memoria.
El rexurdimento gallego en pleno romanticismo y el nacionalismo atribuyen a Pardo de Cela un sentimiento de independencia nacional para Galicia que explicaría la muerte del mariscal. No creo que la historia dé para tanto. Pero todos los fanatismos necesitan sus mitos. Yo me quedo con la belleza de la leyenda y con los versos tristes y espléndidos do pranto da frouseira. Sin ideologías.



